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Balance legislativas venezolanas: Ganamos pero la derecha acorta distancias PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por CMR Vnezuela   
Lunes 04 de Octubre de 2010 16:04

El PSUV debe aplicar un plan de acción que nacionalice las palancas decisivas de la economía bajo control obrero para acabar con el sabotaje capitalista y la burocracia y satisfacer las necesidades sociales

Los resultados de las elecciones legislativas del pasado 26 de septiembre están provocando un intenso debate dentro del movimiento revolucionario venezolano.  La movilización masiva de la clase obrera y el pueblo impidió el objetivo contrarrevolucionario de controlar el parlamento. En la próxima asamblea el chavista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) tendrá 98 escaños, 65 la "Mesa de la Unidad" contrarrevolucionaria y 2 el PPT, partido socialdemócrata que hasta hace poco formaba parte del frente que apoya a Chávez pero ha abandonado el campo revolucionario.

 

La clase obrera y el pueblo quieren acelerar y completar la revolución

El que el PSUV -pese al sabotaje económico capitalista (30% de inflación y una caída del PIB de casi 4 puntos el primer trimestre del año), el brutal acoso imperialista y el papel desmoralizador y de freno que desempeña una quinta columna burocrática enquistada dentro del estado venezolano-  gane en 17 de los 23 estados, incluyendo la mayoría de los más pobres, demuestra que, en contra de lo que dicen los reformistas, los trabajadores y el pueblo venezolano tienen un enorme nivel de conciencia, fuerza y voluntad de lucha. Este enorme apoyo, además, se basa en los sectores más activos y conscientes: la clase obrera, la gran mayoría de los campesinos pobres y los sectores más proletarizados de la juventud. Ello se evidenció durante la campaña. La movilización en la calle y participación en los actos revolucionarios fue muy superior a la que mostró la contrarrevolución. Esto confirma otra idea defendida por los marxistas: gran parte de los que se abstienen e incluso muchos votantes de la derecha pueden ser recuperados si se sacan las conclusiones correctas de este resultado y se toman medidas urgentes que resuelvan sus problemas.

Comparadas con las presidenciales de diciembre de 2006, cuando Chávez proponiendo romper con el capitalismo y construir el socialismo, arrasó con el 63% de los votos (7.300.000); en estas elecciones el PSUV pierde 1.900.000 votos, obteniendo 5.450.000 por 5.300.000 de la oposición contrarrevolucionaria. Esta gana un millón respecto a 2006, cuando logró 4.200.000.

Resultados por regiones

Aunque hay zonas donde esta tendencia es especialmente llamativa porque se traduce en una pérdida espectacular de diputados (Zulia- 12 de 15 para la oposición-, Táchira -6 de 7-) o provoca un vuelco abrupto (en Anzoátegui de tener mayoría clara pasamos a un solo diputado de 8 elegidos) desgraciadamente  se trata de una tendencia general. Incluso un bastión revolucionario como el Municipio Libertador de Caracas se ve afectado. La revolución obtiene un 26,3% de votos menos que en 2006 y la oposición gana por 700 votos. Es la primera vez que esto ocurre con la excepción del referéndum de la reforma constitucional de 2007. Sumando los votos de los tres barrios más populares y chavistas de la capital (23 de Enero, Catia y Antímano) se pierden 60.000 votos respecto a 2006 y la oposición gana 30.000. La diferencia a favor de la revolución en estos tres barrios populares sigue siendo de más de 60.000 votos pero esta tendencia representa una peligrosa advertencia. Una tendencia similar se ve en otras regiones tradicionalmente chavistas como Aragua.

Dónde mejor resiste el PSUV es en el industrial Estado Bolívar. Aquí el Presidente Chávez decidió impulsar en el último año el proceso de control obrero en las empresa públicas, enmarcado en un plan para la transformación regional llamado Guayana Socialista. Esto ha movilizado a las bases revolucionarias y, aunque aquí también la burocracia está intentando frenar sus iniciativas, la lucha apenas está empezando y experiencias como la victoria obtenida en SIDOR (cuando en contra de la presión de los capitalistas y de la burocracia se logró  la estatización de esta empresa de más de 10.000 trabajadores) mantienen más alta la moral de los trabajadores y los sectores populares. En este estado se pierde un 9,5% de los votos respecto a 2006 pero se recupera comparando con las regionales de 2008.

¿Por qué la diferencia entre revolución y contrarrevolución se acorta?

Estos resultados reflejan la enorme polarización entre revolución y contrarrevolución que existe en Venezuela y  el hecho de que, como explicábamos en anteriores artículos, una parte de la base social de la revolución, decepcionada por el lento avance y contradicciones internas de la revolución, se ve afectada por la desmoralización y el escepticismo. La causa es que ,aunque en estos 12 años ha habido avances importantes a la hora de reducir la pobreza, extender el acceso a la salud y la educación o aplicar otras políticas sociales, la mayor parte de la economía sigue en manos de los empresarios privados (un 70% del PIB según el Banco Central de Venezuela) y el control del estado no está en manos de la clase obrera y las comunidades sino de una burocracia reformista que habla de revolución y socialismo pero a menudo  hace lo contrario de lo que espera el pueblo y el propio Chávez. La falta de vivienda, la inflación, la inseguridad, la economía sumergida, la tercerización, la pobreza, la corrupción y el burocratismo son hoy el principal enemigo de nuestra revolución y la principal arma que utilizan los capitalistas en su ofensiva. Su objetivo es empujar cada vez más compañeros a la apatía.

El Presidente Chávez ha denunciado varios de estos problemas y llamado a hacer "la revolución dentro de la revolución", luchar con el burocratismo, ocupar las empresas abandonadas por los empresarios y que estas las gestionemos los trabajadores. Sin embargo, cuando muchos trabajadores intentan llevar adelante estos planteamientos se encuentran con la represión de los capitalistas y de sectores de la propia burocracia reformista. Eso es lo que vemos en la inmensa mayoría de empresas expropiadas, como puso de manifiesto el reciente encuentro nacional d la central sindical chavista UNETE. El intento de los trabajadores por hacer realidad el control obrero choca con la actuación de gerentes y burócratas que reproducen viejas prácticas capitalistas. También en las empresas privadas, como Mitsubishi (Anzoátegui), donde más de 260 trabajadores militantes del PSUV están despedidos por esta multinacional imperialista con apoyo del Ministerio de Trabajo y algunos dirigentes regionales del partido. O Vivex (también en Anzoátegui) donde los trabajadores tienen 21 meses con la empresa tomada sin respuesta todavía. La espectacular derrota del PSUV en este estado históricamente chavista no es ajena a estos hechos ni al abandono en que las autoridades regionales tienen a muchas zonas populares.

A todo esto se une que el Presidente Chávez -aunque sigue desempeñando un papel clave al movilizar a las masas y llamarlas a seguir luchando por el socialismo- vacila a la hora de tomar medidas decisivas contra los capitalistas y contra la burocracia, y no ha aplicado hasta el momento un autentico programa socialista de nacionalización que estatice bajo control de los trabajadores y las comunidades toda la banca y las fábricas importantes. Sin esto es imposible planificar democráticamente la economía. El resultado es que, pese a las políticas sociales progresistas que intenta implementar el gobierno, no se resuelven lacras capitalistas como el déficit habitacional, la carestía de la vida, pobreza, tercerización, informalidad, despidos, inseguridad, corrupción, y sectores crecientes del pueblo se desmoralizan.

¿Qué hacer para completar la revolución? ¡Por un plan de acción para estatizar ya la economía bajo la dirección de la clase obrera y el resto de los oprimidos!

Cambiar esta tendencia es perfectamente posible, no sólo recuperar el apoyo de los 7.300.000 que nos votaron en 2006 sino ampliar incluso más nuestra fuerza e influencia. Pero para ello es imprescindible tomar medidas decisivas contra los capitalistas. Hay que resolver los problemas de las masas y demostrarles con hechos y no con palabras que el socialismo significa acceder a una vivienda y un empleo dignos, acabar con la pobreza, erradicar la tercerización de las empresas públicas, subir los salarios y reducir los precios, y por encima de todo que la economía (todos los bancos, las fábricas, la tierra) estén en manos de los propios trabajadores y el pueblo y sean administradas por nosotros mismos.

La central sindical chavista UNETE debe desempeñar un papel clave para impulsar estas medidas. Los sindicalistas de la CMR y el FRETECO (Frente de Trabajadores por el Control Obrero), tres de los cuales fueron elegidos en el último congreso de esta central miembros de su coordinación nacional provisional, presentaron en el último encuentro nacional de esta central la propuesta de organizar la toma de 100 o 200 empresas a nivel nacional y ponerlas a funcionar bajo control obrero. Esto daría un empuje enorme a la lucha por el socialismo al convertir el control obrero no en una buena idea sino en un poderoso imán capaz de atraer a todo el movimiento. Como decía Lenin, para las masas cada paso concreto adelante del movimiento vale más que todas las ideas y teorías que podamos explicar. ¡Es el momento de convertir los discursos e ideas en acciones prácticas! ¡Demorarse en hacerlo es arriesgarse a perder!

Al mismo tiempo los trabajadores revolucionarios organizados en la UNETE debemos proponer este plan a la dirección del Partido. Tanto la actual Asamblea Nacional que seguirá legislando hasta el 5 de Enero de 2011 como la mayoría del PSUV en la nueva Asamblea deben aprobar una ley que expropie la banca, la tierra y las fábricas de manos de los capitalistas y las estatice; pero no para que las dirijan gerentes y burócratas al margen de los trabajadores sino los consejos y asambleas de trabajadores vinculados a los consejos comunales. Es imprescindible desmantelar la estructura burguesa del actual estado (el parlamentarismo burgués, los mecanismos de la democracia representativa, gobernaciones, alcaldías, etc.) y sustituirlas por el pleno desarrollo del poder obrero y popular. Un estado revolucionarios basado en consejos elegibles y revocables de trabajadores, donde ninguno de sus miembros cobre más que un trabajador cualificado y en el que todas las tareas que sea posible se realicen de forma rotativa, permitiría sustituir al estado actual (que mantiene la estructura y vicios capitalistas) por un estado revolucionario, acabar de una vez por todas con la corrupción y el burocratismo y planificar la economía democráticamente con vistas a satisfacer las necesidades del pueblo.

Sólo de este modo terminaremos las tareas pendientes y llevaremos la revolución hasta el final. Esto no es una tarea para varias generaciones sino para ahora mismo. Si llevamos este programa adelante la revolución fortalecerá enormemente su base social. Las victorias de 2002, 2004 o 2006 se quedarían cortas y la revolución socialista en Venezuela, en un contexto de crisis mundial del capitalismo, podría extenderse al resto de América latina e incluso a otras zonas del mundo.

 

 

 
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