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Documental: Historia de la revolución y guerra civil española
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Documental: Historia de la Revolución Rusa

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Quienes somos

En los años precedentes el capitalismo contó con la “confianza” y la “legitimidad” de haberse “erigido” por encima del “mundo”. Como un titán tirano sobre los hogares de los hombres se paseaba. La caída de la Unión Soviética supuestamente había demostrado la superioridad del mercado. Muchos que ayer se creían revolucionarios, al ver a la URSS y los demás países estalinistas desplomarse como un castillo de naipes claudicaron ociosos al advertir que les tiraban unos cuantos billetes al suelo los capitalistas. Muchos parecían pasarse del tren del "comunismo" (en realidad estalinismo) al del capitalismo como si se tratara de cambiar unas cuantas monedas.

Algunos revolucionarios honestos, pero decepcionados y confundidos, quedaron atados a sus dudas y prejuicios como Prometeo a la piedra, y repetían una y otra vez ecos del pasado, justificando sin critica alguna a la Unión Soviética. Decían ellos, que el único culpable de la caída de la URSS era Gorbachov, como si cualquiera pudiera subir una montaña sin permiso de las piedras, como si para llegar a lo más alto bastará con conspirar un poco. El secreto del rey nunca está en su bastón y su corona, sino cualquiera sería rey, el secreto está sobre quienes se apoya el déspota para poder erigirse como supremo dictador.

Sin embargo, las cosas estan cambiando, y la aparente victoria capitalista se convierte en decepcion. Los últimos años el capital ha sufrido un “impase”, que ha sorprendido a los oligarcas del mundo. Hasta hace poco los economistas burgueses creían que el “sistema de la libre empresa” había logrado superar la crisis, y cacareaban una y otra vez la buena nueva, que denominaron “el nuevo paradigma económico”. Aún así, parece ser que en las cabezas de estos “economistas” (si es que tienen alguna) hay un nuevo paradigma, el capitalismo se derrumba como una hilera de domino al mínimo temblor, y “sin justificación alguna”.

En pleno siglo XXI la humanidad tiene que elegir entre la barbarie y la civilización, entre el capital y el trabajo. El capitalismo ya ha demostrado de lo que es capaz. En el “nuevo milenio” nos deja a  la mitad de la humanidad muriendo de hambre, amenaza una y otra vez con hacer estallar guerras en Medio Oriente, los Balcanes, África, y hasta planea causar guerras civiles  y conflictos entre los pueblos de Latinoamérica. !Que ejemplo más evidente que el conflicto armado que desde hace décadas desangra nuestro país! Y ahora, con la crisis capitalista, la humanidad parece que pronto va a quedar despedida en el aire, contaminado, sin trabajo y seguro social.

Hay que dejar caer certeramente la espada de la revolución sobre nuestros damoclíanos oligarcas. En el momento actual hay miles  de trabajadores y trabajadoras, hombres de a pie, intelectuales honestos, amas de casa, jóvenes, que despiertan a la vida política, dándose de cuenta de cómo el “mercado” juega con sus vidas, y los utiliza como simples monedas. Las masas desposeídas del mundo están empezando a darse un recuento de la bancarrota del capital, y por medio de la experiencia aprenderán de su enorme fuerza, para que en cierto momento ellos y solamente ellos, los que tienen el poder para levantar la espada, la claven en la cabeza torpe de Damocles.

En los próximos años los oídos del mundo estarán atentos a los que predijeron el desastre económico del capitalismo. Las ideas revolucionarias del marxismo serán escuchadas atentamente por amplias capas de la sociedad y luego por las masas hambrientas de soluciones. Por ahora, en el silencio del callejón sin salida del capital se empieza a oír un grito de esperanza, son las voces de la revolución que se acercan galopando desde la nada hacia la victoria.

No en vano la Corriente Marxista Internacional, fundada por Ted Grant y Alan Woods, ha trabajado durante un largo periodo defendiendo contra viento y marea estas ideas. Ahora cuando El Capital, de Karl Marx, es el libro más vendido en Alemania y el Manifiesto Comunista vuelve a ser nombrado por voces poco tímidas, nos damos de cuenta de la certeza de nuestras ideas. En 1848 se escribió el Manifiesto Comunista, y parece ser que lo consignado en ese texto, que nosotros defendemos, está más vigente que nunca. La máxima de Marx, de que “la historia tiende a repetirse una vez como tragedia y otra como farsa”, parece haber sido certera para el capitalismo. En este momento al citar el Manifiesto parece como si hubiéramos hecho alguna triquiñuela para ponerlo al día, pero no, tal como fue escrito hace dos siglos conserva toda su vitalidad:

“Las condiciones de producción y de cambio de la burguesía, el régimen burgués de la propiedad, la moderna sociedad burguesa, que ha sabido hacer brotar como por encanto tan fabulosos medios de producción y de transporte, recuerda al brujo impotente para dominar los espíritus subterráneos que conjuró.  Desde hace varias décadas, la historia de la industria y del comercio no es más que la historia de las modernas fuerzas productivas que se rebelan contra el régimen vigente de producción, contra el régimen de la propiedad, donde residen las condiciones de vida y de predominio político de la burguesía.  Basta mencionar las crisis comerciales, cuya periódica reiteración supone un peligro cada vez mayor para la existencia de la sociedad burguesa toda.

Las crisis comerciales, además de destruir una gran parte de los productos elaborados, aniquilan una parte considerable de las fuerzas productivas existentes.  En esas crisis se desata una epidemia social que a cualquiera de las épocas anteriores hubiera parecido absurda e inconcebible: la epidemia de la superproducción. La sociedad se ve retrotraída repentinamente a un estado de barbarie momentánea; se diría que una plaga de hambre o una gran guerra aniquiladora la han dejado esquilmado, sin recursos para subsistir; la industria, el comercio están a punto de perecer. ¿Y todo por qué?  Porque la sociedad posee demasiada civilización, demasiados recursos, demasiada industria, demasiado comercio.  Las fuerzas productivas de que dispone no sirven ya para fomentar el régimen burgués de la propiedad; son ya demasiado poderosas para servir a este régimen, que embaraza su desarrollo.  Y tan pronto como logran vencer este obstáculo, siembran el desorden en la sociedad burguesa, amenazan dar al traste con el régimen burgués de la propiedad. Las condiciones sociales burguesas resultan ya demasiado angostas para abarcar la riqueza por ellas engendrada. ¿Cómo se sobrepone a las crisis la burguesía?  De dos maneras: destruyendo violentamente una gran masa de fuerzas productivas y conquistándose nuevos mercados, a la par que procurando explotar más concienzudamente los mercados antiguos.  Es decir, que remedia unas crisis preparando otras más extenEvidentemente, el capitalismo nos condena al círculo del pauperismo, impulsa la técnica pero no puede controlarla bajo sus fauces, destruyendo el planeta entero y arrastrando a la humanidad a la debacle. Hay que poner a la humanidad de cabeza, para que se sitúe al mando de su destino. Debemos hacer propios todos esos instrumentos, que parecen extraños y ajenos, pero son nuestro producto, que apropiándonoslos podemos ponerlos al servicio de la humanidad. Nuestra obligación es acabar con la propiedad privada de los medios de producción, el gran capital, que paradójicamente lo ha forjado el hombre y la mujer enteros para beneficio de unos pocos.sas e imponentes y mutilando los medios de que dispone para precaverlas.”

Evidentemente, el capitalismo nos condena al círculo del pauperismo, impulsa la técnica pero no puede controlarla bajo sus fauces, destruyendo el planeta entero y arrastrando a la humanidad a la debacle. Hay que poner a la humanidad de cabeza, para que se sitúe al mando de su destino. Debemos hacer propios todos esos instrumentos, que parecen extraños y ajenos, pero son nuestro producto, que apropiándonoslos podemos ponerlos al servicio de la humanidad. Nuestra obligación es acabar con la propiedad privada de los medios de producción, el gran capital, que paradójicamente lo ha forjado el hombre y la mujer enteros para beneficio de unos pocos.

Ahora bien, tal es la misión histórica es la Corriente Marxista Internacional, y de su grupo Colombiano, que ha empezando a trabajar en esta nación triplemente oprimida. El estudio severo de la realidad social, de las ideas revolucionarias del marxismo, y su puesta en práctica nos permitirá avanzar rápidamente sobre la marea favorable que empieza a darse a nivel mundial. Un nuevo periodo de situaciones revolucionarias a escala nunca antes vista se empieza a configurar. Los hechos pasarán sobre las palabras, como pasa la verdad sobre la mentira, y entonces con trabajo realmente revolucionario podremos aspirar a ser libres.

La tarea de los revolucionarios del grupo colombiano de la Corriente Marxista Internacional, por ahora, es irse formado como un grupo cohesionado, educando a los compañeros y militantes, y defendiendo las ideas del marxismo en las organizaciones de masas de los trabajadores y la juventud, agrupando tras las banderas del marxismo a los luchadores obreros y estudiantiles más combativos, a los campesinos, a los indígenas, sectores populares y demás capas sociales que sufren la expoliación capitalista.

Nuestro grupo defenderá las ideas del socialismo científico dentro del Polo Democrático Alternativo, explicando pacientemente que son las únicas ideas validas para acabar con todas las injusticias. Y explicaremos que las ideas del socialismo son sólo realizables a nivel mundial, aunque empiecen dando sus primeros pasos a escala nacional. Por eso diremos a todo oído, el destino de Colombia depende de la humanidad.

“Hasta hoy, toda sociedad descansó, como hemos visto, en el antagonismo entre las clases oprimidas y las opresoras.  Mas para poder oprimir a una clase es menester asegurarle, por lo menos, las condiciones indispensables de vida, pues de otro modo se extinguiría, y con ella su esclavizamiento. El siervo de la gleba se vio exaltado a miembro del municipio sin salir de la servidumbre, como el villano convertido en burgués bajo el yugo del absolutismo feudal.  La situación del obrero moderno es muy distinta, pues lejos de mejorar conforme progresa la industria, decae y empeora por debajo del nivel de su propia clase. El obrero se depaupera, y el pauperismo se desarrolla en proporciones mucho mayores que la población y la riqueza.  He ahí una prueba palmaria de la incapacidad de la burguesía para seguir gobernando la sociedad e imponiendo a ésta por norma las condiciones de su vida como clase.  Es incapaz de gobernar, porque es incapaz de garantizar a sus esclavos la existencia ni aun dentro de su esclavitud, porque se ve forzada a dejarlos llegar hasta una situación de desamparo en que no tiene más remedio que mantenerles, cuando son ellos quienes debieran mantenerla a ella.  La sociedad no puede seguir viviendo bajo el imperio de esa clase; la vida de la burguesía se ha hecho incompatible con la sociedad.”

“Los progresos de la industria, que tienen por cauce automático y espontáneo a la burguesía, imponen, en vez del aislamiento de los obreros por la concurrencia, su unión revolucionaria por la organización.  Y así, al desarrollarse la gran industria, la burguesía ve tambalearse bajo sus pies las bases sobre que produce y se apropia lo producido. Y a la par que avanza, se cava su fosa y cría a sus propios enterradores.  Su muerte y el triunfo del proletariado son igualmente inevitables.”

Sólo las ideas de Marx, Engels, Lenin y Trotsky pueden ofrecer una alternativa al movimiento obrero y popular colombiano y acabar con la pesadilla de la guerra, la miseria y la barbarie a que nos condena el capitalismo.

!Por una Colombia socialista, en una Federación Socialista de los Pueblos de America y el mundo!

!Viva la revolución socialista mundial!

!Únete a la Corriente Marxista Revolucionaria y lucha por el socialismo! !Construye con nosotros el grupo colombiano de la CMR!





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