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La gran contradicción de la situación política nacional es que en un momento en que la movilización de masas tiende a recuperarse, como demuestran la lucha estudiantil y otras luchas obreras y populares que hemos visto en los últimos meses, el PDA se encuentra en crisis y obtiene sus peores resultados electorales en mucho tiempo. La causa fundamental de esta contradicción es el alejamiento, en toda una serie de aspectos, del proyecto original unitario y transformador que representaba el Polo.
Los éxitos que nos permitieron ganar la Alcaldía de Bogotá y otras posiciones, o conseguir más de 2 millones de votos en las elecciones de 2006 y ser la fuerza que enfrentó en segunda vuelta al uribismo, fueron consecuencia de que aparecíamos como una alternativa para construir la unidad en la acción de todos los colectivos en lucha y que expresan los deseos de cambio de los oprimidos y no sólo como un cauce electoral. Este aspecto, que el Polo sea visto como una herramienta para unir las luchas de los oprimidos, romper con el capitalismo y empezar a avanzar hacia la construcción de una nueva sociedad se ha ido perdiendo paulatinamente. El primer objetivo de este debate debe ser recuperar esa concepción unitaria, democrática, revolucionaria y de lucha de la organización.
Como parte de ese compromiso con la transformación social y la unificación de las luchas de los oprimidos el Polo debe significar para millones de jóvenes, trabajadores y campesinos la posibilidad de levantar una alternativa que les sea propia, en la elaboración de cuyo programa, métodos y análisis puedan participar y que rompa de modo claro y concluyente con la política burguesa y todo lo que la acompaña: el oportunismo, la contradicción constante entre el discurso y la práctica, las promesas y los hechos, por no hablar ya de prácticas como el burocratismo, la imposición de candidatos, programas y decisiones por parte de las cúpulas partidarias sobre las bases, la corrupción…
Aunque, por supuesto, en muchos de los espacios de poder local conquistados bajo la orientación de compañeros del Polo se han tomado muchas iniciativas progresistas, en general el resultado de la gestión del Polo en los espacios de poder que ha conquistado no ha respondido ni a las expectativas ni a las necesidades reales de nuestra base social. En buena parte ello se debe a que no ha estado sometida al control de las bases polistas. No existen suficientes cauces y mecanismos que garanticen que nuestros diputados, concejales, etc no actúen según su criterio, basados en intereses u opiniones individuales –como hacen los de los partidos capitalistas- sino como voceros y tribunos del pueblo, de los oprimidos.
El resultado de este alejamiento del control de las bases y disolución en un medio hostil como es la estructura de poder creado por la propia burguesía tiende a ser el desarrollo de políticas propias de la socialdemocracia reformista (asistencialismo, posibilismo, etc) y que muchos compañeros puedan verse arrastrados y absorbidos por las dinámicas de un aparato del estado que no está construido para que sea una expresión de las necesidades de las masas sino para todo lo contrario. No hay que olvidar que las alcaldías, gobernaciones, etc. aunque con peculiaridades son una parte más del aparato estatal capitalista, así como el parlamento. El resultado más evidente de esta dinámica, pero no el único, fue lo ocurrido en Bogotá, que ha tenido un alto coste electoral y político para el Polo.
El único modo de salir de la crisis ocasionada por este alejamiento del Polo de las expectativas y necesidades de nuestra base social, los trabajadores, campesinos, y el resto de los explotados, es –además de la defensa de un programa que una e impulse todas sus luchas y reivindicaciones- la recuperación de un Polo que marche con los estudiantes, un Polo que luche con los trabajadores, un Polo que se movilice con todos los sectores sociales que están luchando por sus reivindicaciones.
El PDA debe ser un instrumento para unir a la izquierda colombiana, recoger, unificar e impulsar las reivindicaciones obreras y populares y ofrecer un cauce político a la lucha de masas, al descontento creciente contra el capitalismo y las políticas expoliadoras y antipopulares del gobierno y la oligarquía que existe entre las masas.
Para nadie es un secreto que el Polo, como organización política de izquierda, no representa hoy realmente un partido, sino más bien una coalición de partidos y tendencias, reunidas bajo diversos fines: acumular fuerzas políticas en los espacios de representación pública, desarrollar el trabajo agitación y organización bajo formas legales, aprovechar los recursos de los puestos públicos para financiar sus trabajos organizativos, etc.
El gran problema que muestra el Polo, visto desde su configuración como coalición de partidos, es que no existe una unidad programática real, unitaria, sino una suma de intereses, fines políticos o fraccionales diversos, que se reúnen de manera coyuntural sobre la base de que es posible acceder a puestos de gobierno en el ámbito local y nacional, y desde allí realizar reformas sociales para mitigar los efectos devastadores que el capitalismo dependiente colombiano ha provocado en nuestro país. Esta falta de programa unitario, consecuente, genera consecuencias negativas para el desarrollo del Polo Democrático como una propuesta revolucionaria alrededor de la cual introducir a las organizaciones sociales, a los sindicatos y al conjunto del pueblo colombiano en la lucha política. A pesar de las buenas intenciones de una gran mayoría de grupos y tendencias y de sus combativos cuadros políticos, cada uno de los partidos o tendencias que cohabitan dentro del Polo hace uso de este con fines electorales particulares en vez de coadyuvar a fortalecer esta organización.
Aparecen entonces el burocratismo (la lucha de las fracciones por ocupar los puestos de poder dentro del polo) y el electoralismo (sólo enfocar la lucha a nivel electoral), se dejan de lado la lucha de masas: la intervención en las huelgas, los paros, las movilizaciones, como mecanismos eficaces de lucha social, de acumulación de fuerzas revolucionarias, como toma de los asuntos políticos por las mismas clases revolucionarias, guiadas por un programa de combate socialista. Es importante la disputa electoral, como un medio de denuncia parlamentaria, así como también para desarrollar la agenda social, económica, que demanda el pueblo, pero es insuficiente, si no se tiene en perspectiva la necesidad de una transformación profunda, estructural, del Estado y la economía, como condición de posibilidad de superar las profundas desigualdades generadas por el capitalismo dependiente colombiano. Los trabajadores, los campesinos, los indígenas, los estudiantes, no sólo necesitan mitigar sus necesidades inmediatas, sino además construir una sociedad regida democráticamente por ellos mismos, lo cual rebasa con creces el escenario de la lucha electoral, y demanda la toma de la iniciativa por las propias clases populares. El electoralismo, como fin en sí mismo, ahoga el espíritu de lucha colectiva de las masas revolucionarias.
Digámoslo de una vez: el Polo tiene posibilidades de ser el instrumento político que lleve al poder a los trabajadores y a las masas explotadas. Sin embargo, para lograr este objetivo es necesario un cambio interno profundo, que ese instrumento se construya de abajo hacia arriba, que los órganos de dirección sean expresión de la voluntad de las bases y estén sometidos de forma permanente a su control y que la política que apliquemos responda a las necesidades reales de las masas. La mejor garantía de unidad es una política correcta, que sea expresión de la voluntad, necesidades y reivindicaciones de las bases.
Actualmente la mayoría de las políticas aplicadas por el Polo tienen un carácter marcadamente reformista, que le impide desarrollar su enorme potencial transformador ,como se ha visto en la gestión realizada en las alcaldías y gobernaciones, o en la ausencia de una política clara desde el PDA en el sentido de proponer y defender dentro de la CUT la convocatoria de un paro obrero en apoyo a la lucha estudiantil en defensa de la educación pública, por ejemplo, o la unificación de todos los sectores en lucha y sus reivindicaciones en un pliego reivindicativo común para derrotar la ofensiva privatizadora del gobierno.
De la carencia de un programa consecuente, revolucionario, y de la ausencia de suficientes mecanismos de control y participación de las bases se derivan los problemas propios de la propaganda, de la organización del trabajo social, incluido dentro de este el parlamentario: no existe un órgano de difusión de las ideas del Polo Democrático Alternativo. Pese a los recursos disponibles, estos se malgastan inútilmente en comerciales en los grandes medios de comunicación burgueses. Muchos concejales, alcaldes y parlamentarios no actúan bajo el control de las bases… Con ello, se pierde la posibilidad de orientar efectivamente a la clase obrera, campesina, a los estudiantes, indígenas, etc… en su lucha diaria y directa contra las diversas modalidades de explotación del capital. Este es un hecho grave, pues, de una parte, se inhiben las luchas de masas directas del pueblo, a favor de una salida electoral, pero, de otro, la confianza depositada por las masas de simpatizantes y militantes, se malogra.
De lo dicho anteriormente acerca del estado del PDA se pueden sacar algunas conclusiones de trabajo importantes para el desarrollo de nuestros objetivos, como propuesta a todos los militantes del Polo Democrático:
1. Elaborar un plan de trabajo con base en un programa revolucionario, puede dar los mejores frutos, toda vez que éste podría enarbolarse y agitarse sin grandes obstáculos por parte de todas las tendencias. En la medida en que construyamos un programa político basado en un análisis de clase, que explique las situación actual a escala regional y nacional e internacional, las consecuencias del capitalismo dependiente colombiano para las diversas capas de la población (estudiantes, trabajadores, vendedores ambulantes, afrocolombianos, campesinos, indígenas, desplazados etc.), y con una serie de reivindicaciones concretas para cada sector, desarrollando las tareas de formación, agitación, organización y orientación de las luchas concretas que facilitará sustancialmente el triunfo de los trabajadores y el pueblo.
2. Crear, proponer y ejecutar un plan de formación, nos permitirá formar los activistas y cuadros de la revolución, dotarlos de herramientas poderosas para su trabajo en las organizaciones sociales. El Polo posee una base importante pero que no cuenta con los suficientes espaciosos para participar en la elaboración de la línea política de la organización y empoderarse de ella.
Propuesta de trabajo.
A nuestro entender, algunos puntos fundamentales del plan que proponemos al Polo podrían consistir en:
1. El Polo debe ser un herramienta para construir la unidad de los oprimidos para transformar la sociedad, impulsando un Frente Unitario de todos los colectivos obreros, campesinos, populares y estudiantiles.
-La política hacia las luchas obreras, populares y sociales no puede ser ni dejar estas a su suerte limitándose en el mejor de los casos a mencionarlas o darles un apoyo público desde esta o aquella posición institucional ni intervenir en ellas con el fin de controlarlas burocráticamente.
-Debemos intervenir en todas las luchas obreras y populares recogiendo las reivindicaciones que nazcan de esos colectivos en luchas y aportando las propuestas que creamos que pueden ayudarlas a avanzar defendiendo siempre que la toma de decisiones debe corresponder a las asambleas de trabajadores, campesinos, vecinos, estudiantes, y siendo los primeros en respetar la autonomía y los métodos de democracia directa de estas luchas
-El propio programa del Polo debe nacer de la síntesis y unificación de todas esas reivindicaciones y luchas surgidas desde las bases y ser construido mediante el debate constante y respetuoso con los movimientos sociales
2. Para poder hacer realidad lo anterior es imprescindible recuperar una estructura, formas organizativas y métodos de trabajo que respondan a las necesidades de lucha de los oprimidos y garanticen que la toma de decisiones y la revisión, ratificación o rectificación –si fuese necesario- de las acciones llevadas a cabo, planes de trabajo y tareas está en manos de las bases y no de cúpulas al margen del control real de estas.
-Para ello las Asambleas de Militantes deben ser los máximos órganos de decisión. Debe haber transparencia en la elección de voceros y delegados y estos deben ser elegidos y revocables por comités y grupos de base en todo momento. Los compañeros que ocupan puestos de dirección deben estar obligados a responder de su gestión ante las asambleas de base y ser revocables en todo momento por estas.
3. Para reforzar la elaboración ideológica y poder combatir la ideología que transmite la burguesía debemos impulsar una escuela de formación, centrada en ejes temáticos múltiples, que posibiliten el desarrollo de activistas y cuadros políticos. Además de recuperar la lectura y el estudio individual y colectivo por parte de los militantes de los clásicos del marxismo, el socialismo científico, que sigue representando una guía fundamental para interpretar la realidad del capitalismo y contribuir a desarrollar líneas de acción política para superarlo y construir una sociedad socialista, recomendamos incluir un eje sobre la historia de América Latina, el estudio de algunas revoluciones (mexicana, cubana, sandinista) y procesos fallidos (Argentina, Brasil, Centroamérica), así como un eje sobre historia de Colombia, que nos permita comprender las vicisitudes de la lucha de clases en nuestro país, aprender de las experiencias pasadas y curtir nuestras bases en las luchas de clases del presente.
3. Además se podría crear en cada región un foro permanente con el fin de reunir las bases activas del Polo cada 15 días, crear una dinámica de trabajo más centralizada para analizar las coyunturas que se presentan en las organizaciones sociales de las ciudades y el país. Por ejemplo: si hay una asamblea en una universidad, un paro en una fábrica, una jornada de lucha estudiantil, un Foro Social, una coyuntura en el sindicato de maestros etc. Con ello, combinamos adecuadamente la teoría con la práctica, invitando a las bases polistas a discutir sobre los problemas de la lucha de clases, y a intervenir prácticamente, bajo consignas socialistas. Es decir, desarrollamos la importantísima tarea de orientar a las bases en las luchas presentes, uniendo sintéticamente la teoría (plan de formación) y la practica (análisis y orientación de las luchas).
Estas son sólo algunas ideas concretas. Sin duda existen muchas más propuestas concretas que se pueden y deben incluir. Creemos que ese debe ser el objetivo y el fruto de la discusión que estamos dando.
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