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Por calles y avenidas de las principales ciudades y centros urbanos del país, miles de estudiantes, profesores, padres de familia, y personas del común, marcharon el pasado miércoles 7 de septiembre exigiendo una educación de calidad, pública y al servicio del pueblo en Colombia.
Cánticos, consignas, uno que otro incidente, destreza creativa y un sinfín de actividades rodearon esta memorable jornada, en la que, como era de esperase, la rancia oligarquía reaccionó a través de sus medios de comunicación y policía antimotines, cercenando en muchos casos el libre desarrollo de un movimiento que ya se echó a andar y que viene con fuerza renovada, demostrando además que con generosidad, trabajo en equipo, madurez y claridad política, se puede avanzar ante los embates de un régimen que de forma abierta (también descarada) golpea y miente sin límite alguno.
Los estudiantes, y junto a ellos el pueblo obrero y campesino, invitaron sin titubear a continuar con la mirada altiva y orgullosa, inteligente y metódica para proseguir en ese arduo camino que representa la unidad del pueblo todo, combatiendo hombro a hombro, para conseguir transmitir el mensaje adecuado a quienes aún hoy se hallan maniatados por una clase asesina y mediocre, minúscula aunque poderosa.
La movilización sigue creciendo y se sienten pasos de animal gigante, que reivindica una educación transformadora, que con un programa mínimo empieza a tejer compromisos, procesos y miradas en torno a un nuevo modelo enseñanza-aprendizaje. Las apuestas están casadas, y la huelga, ¡preparándose!
Aquí una muestra de lo que aconteció en Colombia:
¡Viva la lucha estudiantil!
¡Viva la unidad de los estudiantes y los trabajadores!
¡Viva el movimiento obrero, campesino y popular! |